26 julio 2015

El ángel en la casa.

El hombre debe ser complacido, pero complacido
en el placer de la mujer,
Bajando por el golfo de sus necesidades

Ella pone su mejor esfuerzo, ella se arroja.
¡Y con qué frecuencia se arroja en vano!

Estrecha su corazón en el capricho,
Cada palabra impaciente provoca otra,

No de ella, sino de él,
Mientras ella, suave aún para la réplica,

Espera de él una respuesta amable,
Espera su remordimiento,
Ya con el perdón en sus ojos.

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